10 de octubre, 2019

¡Taxi!

El lunes pasado podría marcar el inicio de la definición de un modelo de coexistencia armónica, y para beneficio del ciudadano, entre los tradicionales taxis y las plataformas electrónicas para viajes de pasajeros. O podría marcar sólo una estampa más del colapsado modelo de movilidad que padecemos.

Los taxistas están enojados con la llegada de las plataformas y por eso paralizaron la mañana del lunes buena parte de la capital. Pero quiénes son los que están enojados y realmente por qué están enojados.

¿Están enojados los choferes de taxis, explotados históricamente por abusivos dueños de las unidades? ¿Están enojados líderes corruptos de taxistas porque en efecto con el nuevo gobierno capitalino se les reducen márgenes de coyotaje por los cambios en trámites? ¿Están enojados los concesionarios, exfuncionarios incluidos?

Y, ¿están enojados por Uber y plataformas similares o por otras razones?

Según operadores de fondos de inversión en empresas tecnológicas, para Uber, la Ciudad de México es el segundo mercado más importante del mundo, sólo detrás de São Paulo.

Otra manera de ponerlo es que para esa empresa las cuatro plazas más importantes serían las dos urbes ya citadas más Río de Janeiro y Nueva York. Esta comparación, sin embargo, debe tener en cuenta que los viajes en México no representan en dólares la misma cantidad: nuestro país es más barato.

Pero el panorama queda claro. Uber y sus 250 mil asociados en la República Mexicana ha logrado un posicionamiento contundente. El propio Andrés Lajous, secretario de Movilidad de la CDMX, dijo esta semana que el gobierno no se plantea la cancelación de las plataformas que, por supuesto, van más allá de Uber.

Si no se van a cancelar esas opciones, lo que encima va en concordancia no sólo con la realidad sino con decisiones de la Suprema Corte, que desde 2017 ha determinado que es legal no aplicar la normatividad de los taxistas a los servicios que prestan las plataformas, entonces qué van a hacer los taxistas que están metidos en este entuerto.

Observadores del tema de la movilidad creen que los gobiernos emanados de Morena tienen una gran oportunidad, que han dado en los primeros meses de su gestión pasos adecuados, pero que la duda subsiste: ¿podrán crear un modelo que eleve la calidad del servicio de los taxis y al mismo tiempo recompense adecuadamente a choferes y dueños de esas unidades, mientras compiten con las apps de transporte privado?

La respuesta pasa por el hecho de que los taxistas, los tres componentes –choferes, líderes y dueños de placas y/o concesiones– quieran lo mismo. Si quieren encontrar una salida, el Gobierno de la ciudad ya había apuntado pasos en el sentido correcto, el de poner el piso parejo entre plataformas y taxis, al proponer y lanzar apps para que los taxistas también puedan ofrecer predictibilidad, seguridad, etcétera.

Pero si los líderes de los taxistas inconformes pretenden que desaparezcan las apps en México, ahora bajo el argumento de que son extranjeras, pues ni gente que es talibán del transporte público como Lajous intentaría dar marcha atrás al reloj de la innovación.

Por eso, el Gobierno de la ciudad ofreció revisar la legislación que invocan los inconformes, que no es de movilidad sino de inversión extranjera. Y nada más.

Los taxistas podrían aprovechar la disposición de los gobiernos de Morena para evolucionar: pero, a saber si estarán dispuestos a los sacrificios que ello implica: pagar impuestos sobre la renta, remunerar adecuadamente y con prestaciones a sus choferes, renunciar todos ellos a depredar al cliente, y someterse a regulación que no parta de clientelismo, corrupción y chantajes.

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