piropos para mujeres
17 de mayo, 2018

Piropos para mujeres, ¿violencia de género o halago?


Los piropos para mujeres son muy comunes en la cultura mexicana. Todas en algún punto de la vida los hemos recibido de conocidos o extraños.

Pero la realidad es que esta “inofensiva” expresión es una de las muchas manifestaciones de acoso callejero que los mexicanos apreciamos como señal de galantería.

La normalización de esta forma de violencia contra las mujeres es tal que incluso cuando alguien alza la voz expresando su rechazo ante estas manifestaciones, muchas veces se les señala como exageradas, haciéndolas víctimas de nuevas formas de acoso y violencia.

Piropos para mujeres, violencia de género

Según la ENDIREH (2016) el segundo ámbito donde mayor violencia sufre la mujer es el comunitario, en espacios como la calle y el transporte, donde 38.7% de las mujeres fueron víctimas de actos de violencia por parte de desconocidos.

Algunos ejemplos de acoso callejero son los siguientes:

    • Miradas insistentes
    • Silbidos
    • Shisteos (sonidos que emiten las personas cuando quieren tener la atención de alguien)
    • Llamadas insistentes (“oye güerita”)
    • Piropos (halagadores, ofensivos, ingeniosos, bromistas)
    • Palabras altisonantes
    • Toqueteos y manoseos sorpresivos y momentáneos
    • Actos de exhibicionismo o masturbación.

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Los piropos NO son un halago

piropos para mujeres

Para algunos el piropo sigue siendo un sello cultural que nos caracteriza como país e incluso, para algunas mujeres, es la legitimación de que son bonitas, ya que el sexo opuesto las aprueba.

De ahí la idea equivocada de que los piropos son “simpáticos” o una expresión divertida característica del pueblo mexicano que por mucho tiempo se consideró como una práctica social normal.

Los piropos NO son un halago, sino más bien un instrumento que los varones usan para ejercer cierto poder de dominación hacia ‘el sexo débil’.

Al salir una mujer a la calle, ella está expuesta a una relación de desigualdad asociada a su condición sexual, siendo cosificada y tomada como mero objeto sexual para la satisfacción del varón.

Desnaturalizar esta práctica es promover el ejercicio de los derechos de las mujeres; es darles la libertad de caminar en el espacio público sin miedo, es dejar de verlas como objetos y comenzar a verlas como seres humanos

Fuente: CONAVIM

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