03 de septiembre, 2018

Nuestros Desaparecidos


En Guadalajara, al inicio del paseo Chapultepec se alza un monumento de 50 metros de alto; es una mujer que representa a la Patria. En su mano una guirnalda y a sus pies un águila postrada. Al frente las estatuas de Los Niños Héroes con la leyenda “Murieron por la patria”. Hoy a los pies del monumento hay carteles, lonas y fotos de decenas de desaparecidos en la zona metropolitana de Guadalajara; pareciera que la leyenda ya no dijera “Murieron por la patria” , sino, “Murieron en su patria, por su patria, por vivirla, por simplemente pisar sus suelos”

Murieron los nadie, de quienes habla Galeano, los que solo figuran en la nota roja, los pobres, los invisibles. Los que según el reportaje “Los Rostros de la Desaparición en Jalisco”, pesan 70 kilos, son morenos de nariz ancha y pelo negro, lacio y delgados.

Desaparecieron los estudiantes, los mexicanos. Los de a pie. Los que salen sin saber que a la vuelta los espera una metamorfosis que termina en una carpeta de investigación olvidada.

Desaparecieron las mujeres, las niñas, las que sueñan, las madres, hermanas y amigas. Las mexicanas. Desaparecieron y dejaron un hueco irreparable en sus espacios.

Y es que en México cada dos horas una persona desaparece; lo mismo dura un partido de fútbol que una familia en destrozarse por la inseguridad al alza en el país. En Jalisco cada 18 horas falta una persona, pero las cifras ya se cuentan por miles. Historias por doquier y familias destrozadas afrontan cada vez una realidad que a todas luces se desborda. Incontrolable, “Una guerra de baja intensidad” dice Sandoval, escritorios llenos de carpetas y un sistema descompuesto.

Una Guerra que ha cobrado cientos de víctimas, que arrebata de tajo las esperanzas; una guerra que nadie quiso librar pero que nos envolvió de golpe. Y de repente las trompetas y el mariachi se cambiaron por sirenas, ambulancias y detonaciones a plena luz del día. Y de repente vivíamos en el miedo. Buscando respuestas. De repente las redes sociales comenzaron a tomar relevancia y colectivos como “Por Amor a Ellxs” surgieron para tratar de dar luz en los cientos y miles de casos sin respuesta.

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Y aquí nos encontramos, en el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, en un estado con suelos huecos, huecos pero llenos de fosas, de historias sin terminar y respuestas enterradas que quizá algún día encuentren la salida. En un estado que vive una de sus jornadas más violentas. Un Jalisco secuestrado por el miedo, la incertidumbre y una violencia que no deja más que dolor, desespero y muchas preguntas atoradas en la garganta.

Y a diario los nadies se levantan, reinician su jornada y esperan que esta vez, la buena suerte les llueva, a cántaros como decía Galeano, que les lluevan respuestas, paz, paz y más paz, que les llueva a borbotones la paz, que un día paren de subir los números. Pero no, los días son los mismos y de nuevo los nadies resultan otra vez números y planas largas en la nota roja.

Entonces los nadies desesperan y terminan acuñando los monumentos, las plazas y las calles. Por que quieren ser vistos, porque merecen ser vistos… Porque están buscando a nuestros desaparecidos y no pararán hasta encontrarlos.

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