Dormir más horas lleva a una dieta más saludable
14 de febrero, 2018

Dormir más horas lleva a una dieta más saludable


Dormir durante más tiempo cada noche es una simple intervención de estilo de vida que podría ayudar a reducir la ingesta de alimentos azucarados y llevar a una dieta generalmente más saludable, según concluye un estudio del ‘King’s College London’, en Reino Unido.

El ensayo controlado aleatorizado, que se publica en el ‘American Journal of Clinical Nutrition’, analizó la viabilidad de aumentar las horas de sueño en adultos que normalmente dormían menos del mínimo de siete horas recomendado para los adultos. El sueño es un factor de riesgo modificable para varias afecciones, como la obesidad y la enfermedad cardio-metabólica, con algunas cifras que sugieren que más de un tercio de los adultos en Reino Unido no duermen lo suficiente.

Los científicos llevaron a cabo una investigación piloto que analizó el impacto de aumentar las horas de sueño en la ingesta de nutrientes y vieron que la extensión de los patrones de sueño daba como resultado una reducción de 10 gramos en la ingesta de azúcares libres en comparación con los niveles basales. Los investigadores también notaron tendencias de una reducción de la ingesta de carbohidratos totales en el grupo de extensión del sueño.

La investigadora principal, la doctora Wendy Hall, del Departamento de Ciencias Nutricionales, observa:

El hecho de que ampliar las horas de sueño llevó a una reducción en la ingesta de azúcares libres, es decir, los azúcares que los fabricantes agregan a los alimentos o los que se cocinan en casa, así como los azúcares presentes en la miel, los jarabes y los zumos de frutas, sugieren que un simple cambio en el estilo de vida puede ayudar realmente a las personas a consumir dietas más saludables “.

Los 21 participantes asignados al grupo de extensión del sueño acudieron una consulta de sueño de 45 minutos para que ampliaran su tiempo en la cama hasta en 1.5 horas por noche. Otros 21 participantes del grupo control no recibieron intervención en sus patrones de sueño.

Cada participante en el grupo de ampliación de las horas de sueño recibió una lista con un mínimo de cuatro hábitos de higiene del sueño adecuados a su estilo de vida (como evitar la cafeína antes de acostarse, establecer una rutina de relajación y no acostarse demasiado lleno o con hambre) y un tiempo de horas de sueño recomendado.

Durante los siete días posteriores a la consulta, un sensor de movimiento de muñeca midió exactamente cuánto tiempo dormían los participantes, así como el tiempo que pasaron en la cama antes de conciliar el sueño. Además, informaron de su ingesta diaria de alimentos.

El 86 por ciento de los que recibieron consejos sobre el sueño aumentaron el tiempo que pasaron en la cama y la mitad incrementaron la duración del sueño (de 52 minutos a casi 90 minutos). Tres participantes lograron un promedio semanal dentro de las siete a nueve horas recomendadas y no se observaron diferencias significativas en el grupo de control. Los datos también sugirieron que este sueño prolongado puede haber sido de menor calidad que el del grupo de control y los investigadores creen que puede ser necesario un periodo de ajuste a cualquier nueva rutina.

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La duración y la calidad del sueño es un área de creciente preocupación para la salud pública y se ha señalado como un factor de riesgo para diversas afecciones. Hemos demostrado que los hábitos de sueño se pueden cambiar con relativa facilidad en adultos sanos utilizando un enfoque personalizado”, comenta la investigadora principal, Haya Al Khatib, del Departamento de Ciencias de la Nutrición del ‘King’s College’.

Y añade. “Nuestros resultados también sugieren que elevar el tiempo en la cama durante una hora más o menos puede llevar a elecciones de alimentos más saludables. Esto fortalece aún más el vínculo entre el sueño corto y las dietas de peor calidad que ya se ha observado en estudios previos. ”

“Esperamos investigar este hallazgo aún más con estudios a más largo plazo que examinen la ingesta de nutrientes y la adherencia continua a las conductas de extensión del sueño con más detalle, especialmente en poblaciones con riesgo de obesidad o enfermedades cardiovasculares”, concluye.

Fuente: Excélsior

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