15 de diciembre, 2016

Cómo proteger a tus riñones de los efectos tóxicos de medicamentos.

Los riñones son el principal órgano que elimina del cuerpo los tóxicos, fármacos y desechos generados por el metabolismo, por lo que las alteraciones en su función favorecen la acumulación de estas sustancias.

Resultan clave porque filtran el total de nuestro volumen sanguíneo cientos de veces al día y por ello están ampliamente expuestos a todas las sustancias que se encuentran circulando en la sangre, entre las que se encuentran los medicamentos.

Existen varios mecanismos por los que los medicamentos pueden resultar tóxicos para los riñones. Aunque poco frecuente, en algunos casos una medicina puede causar inflamación renal por una reacción idiosincrática llamada nefritis túbulo intersticial. Este tipo de afección no es previsible ya que se presenta como una alergia y suele darse con dosis habituales.
La afección puede ser tan importante que precipite la pérdida total de la función renal de forma temporal u ocasionalmente permanente si no se identifica, se da tratamiento y se suspende el fármaco causante. Casi cualquier medicamento puede producir esta enfermedad, incluidos tés y suplementos de los que frecuentemente se tiene poca información. Sin embargo dentro de los más asociados se encuentran algunos grupos de antibióticos, los anti-inflamatorios no esteroideos y algunos medicamentos para tratamiento de gastritis.
Los anti-inflamatorios no esteroideos (medicamentos para el dolor e inflamación que usualmente se adquieren sin receta), especialmente en dosis altas o durante tiempo prolongado, pueden llegar a causar deterioro agudo o crónico de la función renal.

Los anti-inflamatorios no esteroideos (AINEs), que son los medicamentos para el dolor e inflamación que usualmente se adquieren sin receta, merecen mención especial cuando hablamos de toxicidad renal por que pueden producirla a través de varios mecanismos y su uso es muy frecuente.

Por sí solos los AINEs favorecen una disminución en el flujo sanguíneo a los riñones, pueden producir hipertensión, aumento del potasio en la sangre y –especialmente en dosis altas o durante tiempo prolongado- pueden llegar a causar deterioro agudo o crónico de la función renal.

Los pacientes deshidratados, con función renal basal deteriorada y niños pequeños son especialmente vulnerables a la toxicidad. En un estudio publicado recientemente se encontró que el uso de ibuprofeno (uno de los AINEs más utilizados) en niños con diarrea duplicaba el riesgo de falla renal independientemente del grado de deshidratación. De hecho, la toxicidad por estos medicamentos es una de las principales causas de falla renal aguda en niños.

Muchos antibióticos tienen la posibilidad de causar por sí mismos daño renal directo, independientemente del riesgo de una reacción alérgica. En la mayoría de los casos solo se presenta cuando hay una alteración pre-existente de la función renal, pero algunos grupos de antibióticos, particularmente el de los aminoglucósidos, son intrínsecamente tóxicos incluso cuando se usan en dosis habituales, por lo que su prescripción debería estar limitada a casos especiales en donde el beneficio del fármaco es francamente mayor al riesgo de presentar complicaciones.

(VIDEO: Esto es lo que tus riñones hacen por ti).

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Entonces, ¿esto quiere decir que es mejor no utilizar ningún medicamento? No. Es importante estar conscientes de que ningún medicamento es completamente inocuo y la persona adecuada para decidir utilizar un fármaco es el médico. Cuando es importante el beneficio que proporcionará un medicamento (por ejemplo, un antibiótico en una infección bacteriana) su uso suele estar bien justificado, ya que el riesgo de reacciones adversas graves por lo general es bajo cuando la prescripción es correcta. Por el contrario, tomar medicamentos sin una indicación correcta equivale a no obtener ningún beneficio a costa de correr el riesgo de efectos adversos, por mínimo que este sea.

Por todo lo anterior te damos los siguientes 5 consejos para cuidar tu función renal de efectos farmacológicos indeseables:

1.- Conoce tu estado de salud y tu función renal. Un sencillo estudio de laboratorio y una revisión con el médico te pueden orientar si tu función renal y de otros órganos es normal o si existe alguna alteración que estudiar y que podría orientar a tu médico a evitar ciertos medicamentos.

2.- Pregunta a tu médico y conoce para qué son los medicamentos que se te prescriben. Algunos pensarían que esto podría generar molestia en un médico, sin embargo, cuando un paciente pregunta con genuino interés por entender la enfermedad y tratamiento es algo que puede mejorar la relación médico-paciente y mejorar el pronóstico.

3.- Evita auto-recetarte. Cuando requieras un analgésico o anti-inflamatorio por más de 3 días o no mejora tu molestia con las dosis habituales acude con tu médico para una valoración. Nunca utilices antibióticos u otros medicamentos por recomendación de un familiar, amigo o por experiencia previa: el balance riesgo-beneficio puede estar completamente invertido sin que tú lo sepas. Recuerda que los suplementos y medicamentos “naturistas” también pueden asociarse a efectos secundarios por lo que debes informarte bien si decides tomarlos y estar alerta para identificar reacciones adversas.

4.- Reporta cualquier molestia al iniciar un tratamiento. El hecho de presentar efectos secundarios no implica que el tratamiento esté mal indicado, en ocasiones aparecen efectos esperables de poco peligro y en otras es necesario suspender o cambiar el tratamiento. Por lo que siempre debes comunicar a tu médico cualquier efecto adverso.

5.- Mantente bien hidratado. Especialmente al tomar analgésicos o antibióticos es importante tomar suficientes líquidos para evitar toxicidad renal y favorecer el aclaramiento (disminuir la concentración de cualquier sustancia en la sangre) de los fármacos.

Fuente: Huffington Post México.

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